Directrices para la restauración y el monitoreo del suelo

1.2 La degradación forestal y su impacto en la salud del suelo

A pesar de la importancia de la conservación forestal, la degradación forestal continúa. A nivel mundial, se perdieron 420 millones de hectáreas de bosque debido a la deforestación entre 1990 y 2020, y aunque la tasa mundial de deforestación ha disminuido recientemente, se estima que se perdieron 10 millones de hectáreas anualmente entre 2015 y 2020 (FAO, 2022). 

En Europa, sin embargo, la cubierta forestal está aumentando constantemente, y las estrategias de gestión recientes han sido de alguna manera efectivas en la mejora de las condiciones generales de los bosques, como un aumento en el volumen de madera muerta, el área forestal, el volumen de biomasa y la productividad general. No obstante, la degradación del hábitat forestal continúa, representada por el aumento de la defoliación (FOREST EUROPE, 2020), los desequilibrios de nutrientes foliares (Jonard et al., 2015) y la disminución de la densidad de la cubierta arbórea y la riqueza de especies de aves amenazadas (EEA, 2024; FOREST EUROPE, 2020; Maes et al., 2023). Esta degradación superficial se refleja en la subterránea o podría ser impulsada por la degradación subterránea. Los niveles de acidez del suelo se han mantenido constantes (demasiado ácidos), los niveles de nitrógeno del suelo siguen siendo excesivos a pesar de las disminuciones en la deposición (FOREST EUROPE, 2020; Van Groenigen et al., 2017), y el carbono orgánico del suelo sigue disminuyendo (Maes et al., 2023). La degradación del suelo, ya sea química (p. ej., acidificación, eutrofización, agotamiento de nutrientes), física (p. ej., erosión, compactación) o biológica (p. ej., pérdida de biodiversidad), está debilitando la fertilidad del suelo, perjudicando el ciclo de nutrientes y agua, reduciendo la capacidad de secuestro de carbono y socavando la resiliencia y sostenibilidad de los bosques. La salud general del suelo está disminuyendo a escala europea (Centro Europeo de Datos de Suelos, 2025). Estas tendencias se deben principalmente a amenazas como las presiones antropogénicas (incluidas las que afectan a los ecosistemas subterráneos, como la eutrofización, la acidificación y la sobreexplotación), además de fenómenos climáticos graves (p. ej., sequías e incendios forestales), nuevas plagas y enfermedades, y otras perturbaciones ambientales (Ameray et al., 2021; FAO, 2020; IPBES et al., 2018; Mäkipää et al., 2023; Scanes, 2018). En resumen, los suelos saludables son la base de la restauración de los ecosistemas, y su continuo deterioro subraya la urgente necesidad de estrategias integradas de bosques y suelos que prioricen explícitamente la salud del suelo (Maes et al., 2023).