La regeneración natural de árboles favorece la resiliencia, la diversidad y la complejidad estructural de los bosques, al tiempo que preserva los recursos genéticos locales y la continuidad ecológica. Se debe priorizar la regeneración natural cuando existan fuentes de semillas adecuadas, regeneración avanzada y condiciones favorables del terreno.
Dar prioridad a la regeneración natural puede ser una estrategia eficaz para el establecimiento de masas forestales. El éxito de la regeneración depende de las condiciones adecuadas del terreno y de la disponibilidad de suficientes semillas.
Mantener la regeneración avanzada puede facilitar la recuperación del bosque tras una perturbación y reducir la necesidad de plantar o sembrar. Las intervenciones silvícolas pueden promover su establecimiento antes de la cosecha y proteger la regeneración existente durante las operaciones de cosecha.
Gestionar la presión de los herbívoros es fundamental para una regeneración forestal exitosa y para mantener la composición de especies arbóreas deseada. En zonas con alta presión de ramoneo, pueden ser necesarias medidas como la regulación de las poblaciones de ungulados o la protección de la regeneración.