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Los árboles que constituyen hábitat se definen como árboles vivos o muertos que proporcionan nichos ecológicos (microhábitats) tales como cavidades, bolsas en la corteza, grandes ramas muertas, epífitas, grietas, filtraciones de savia o pudrición del tronco. Según sus características, reciben diferentes nombres. Los árboles veteranos, antiguos o monumentales son ejemplares de notable edad o tamaño, mientras que los árboles de fauna silvestre o árboles con cavidades albergan animales como pájaros carpinteros y otras especies que anidan en cavidades.
Los árboles que sirven de hábitat y los microhábitats que albergan son de vital importancia para la biodiversidad forestal, ya que pueden ser hogar de numerosas especies especializadas de flora y fauna en peligro de extinción. Al menos el 25% de las especies forestales dependen de la madera muerta y los árboles que sirven de hábitat, o se benefician de ellos. Muchas de estas especies se encuentran entre los organismos más amenazados de los ecosistemas forestales templados europeos. Los árboles longevos siempre han captado la atención del ser humano y, en consecuencia, han adquirido un papel simbólico. Por ejemplo, durante mucho tiempo se administró justicia bajo viejos tilos o robles en Europa Central. Sin embargo, a pesar de su importancia cultural, estos árboles han sufrido un marcado declive por diversas razones: la pérdida de su valor simbólico debido al cambio cultural y el establecimiento de la silvicultura y la agricultura modernas, junto con el abandono de los usos forestales tradicionales. Hoy en día, los árboles longevos son un legado del pasado y revisten una importancia excepcional, dado que un árbol tarda cientos de años en alcanzar este estado.